domingo, 18 de enero de 2009

Mi abuelo Pepe

Hoy he tenido una sorpresa en Murcia. Aparte de la alegría que supone que hayan venido mis padres a llenarme la nevera (que ya estaba tan vacía que se oía el eco, ha venido ha verme mi abuelo Pepe. Mi abuelo tiene más de 90 años, no se si ha cumplido los 93 o los hace este año, que queréis que os diga si a veces se me olvida hasta la edad que tengo yo. En estos 90 años ha tenido para mucho, vivió una guerra en la que según sus palabras “es lo mejor que me ha pasado en la vida” y es que tuvo muchísima suerte, lo destinaron a Moraira en un centro de comunicaciones donde lo único que tenían que hacer era vigilar la costa. Él y sus compañeros vivian en un Chalet del ejército y los pescadores y habitantes del pueblo les daban las mejores provisiones a cambio de poder usar el teléfono.Y a menudo las chicas del pueblo iban a buscarles para que las acompañaran a bañarse a la playa. El único disparó que dio fue a un algarrobo para ver si el fusil funcionaba. Dice que en cada lugar que estuvo hizo amigos que lo salvaron, amigos que cambiaron sus destinos a sitios mas peligrosos para ir con él y que le ofrecieron salvoconductos cuando la guerra acabo.
Pero después llego la postguerra, y lo metieron a la cárcel, de esto no se mucho porque no le gusta hablar, lo que sé (lo sé por mi padre) son dos cosas: que lo metieron por salteador de caminos( o bandolero) y que el no era salteador de caminos. Estuvo poco tiempo porque un amigo suyo, al que le toco luchar del lado de Franco llego a capitán y cuando llego al pueblo y supo lo que había pasado fue a sacarlo de prisión.
Podría seguir contando historias de mi abuelo(uno de sus hermanos fue condenado ha muerte pero se salvo, tenía un amigo catalán que se hizo atracador de bancos, pasó mas de una semana en el calabozo por intentar suplantar a un amigo suyo que llego tarde después del permiso,…), pero lo que realmente considero importante de estas historias es que siempre que te las cuenta, lo hace riendo, te cuenta con sencillez cosas como cuando en alguna guardia se quedó durmiendo, su superior le despertaba "aunque igualmente me podía haber pegado un tiro o meterme al calabozo".

Hace unos 10 años en una comida familiar mi abuelo se cayó al suelo mientras bailaba, mi padre se levantó corriendo temiendo lo peor y cuando llegó a donde estaba mi abuelo, éste le empujó y le dijo “dejame que estoy bailando”. Y es que esa es una de las grandes filosofías de la vida, pase lo que pase, mientras puedas, sigue bailando.

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