domingo, 11 de abril de 2010

El número Diez

El día diez de Octubre, mes número diez para los incautos, del año X el Sr Díez salió del trabajo a las diez de la noche después de su insoportable jornada laboral de diez horas. Iba especialmente contento porque era el cumpleaños de su hijito, que cumplía diez años y, además, su querida esposa le llamó para comunicarle que había sacado un diez en su examen de conducir, gran noticia teniendo en cuenta que era la décima vez que se presentaba.

Salió de la oficina a paso ligero, exactamente a diez Kilómetros por hora, tardó diez minutos en llegar a su casa situada en el número diez de la calle Alfonso X el Sabio. Cogió el ascensor y subió hasta el décimo piso y entró a su casa. Abrió la nevera y se dispuso a colocar las diez velas en los diez pasteles que había comprado, al parecer en la pastelería no les quedaban tartas porque sólo habían hecho diez. Al acabar cogió su regadera y fue a regar las diez plantas que le había ido regalando a su mujer durante sus diez años de casados. Cuando estaba con la décima y última planta, sus zapatos, recién estrenados hacía apenas diez días, le jugaron una mala pasada; se resbaló y sin saber como cayó por la ventana. Consiguió agarrarse al alfeizar con sus diez dedos pero sólo fue capaz de aguantar diez décimas de segundo. Finalmente cayó al vacío.

Diez días más tarde se celebró el funeral. La familia, diezmada, acudió por decenas. Nadie fue capaz de explicarle a la viuda por qué se dice que el número de la mala suerte es el trece y no el diez.

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