Las navidades este año se presentaban diferentes. La idea de quedarse sólo en un país extranjero sin poder ver a la familia y los amigos se le hacia cuesta arriba. No es que para él fueran unas fechas mas especiales de lo normal, realmente lo que más le fastidiaba eran las conversaciones que iban a surgir en torno a él. Como su padre se regodearía explicándole a sus tíos que su hijo no podía ausentarse durante tantos días de EEUU porque era una persona fundamental en su trabajo. Como sus amigos lo ponían a parir diciendo que era un pringao mientras empalmaban una copa tras otra.
Sus compañeros y su jefe le invitaron a pasar la noche con ellos, pero creyendo que era más por compasión que por otra cosa su orgullo le impidió aceptar. No le apetecía pasar la noche con completos desconocidos aprendiendo el protocolo de una cultura que no era la suya, para no desentonar. Y mucho menos le apetecía pasar la noche con su jefe guardando la compostura, fingiendo y haciendo la pelota a su familia. Así que les dijo que no se preocuparan que tenía planes con unos amigos.
Se fue al supermercado y compró una gran cena para uno. Pavo, champan, gambas y hasta turrón. Pero cuando llego a la caja y vio la cesta de la compra se preguntó que para que tanto, en navidad siempre igual, la fiebre del consumo nos atrapa y no podemos dejar de comprar. No tenía problemas de dinero, la verdad es que si aun estaba en aquel puesto es porque dentro de dos años podría volver a España sin tener que pedir hipoteca, pero odiaba su trabajo. Dejó la cesta de la compra como estaba, se acercó a la sección de congelados, cogió una pizza y pasó por otra caja distinta.
Cuando llegó a casa pensó que tal vez aparecería alguien, sus amigos o su hermano. Llamarían a la puerta y llegarían a darle una sorpresa con un jamón en la mano y un gorro de santa Claus en la cabeza. Pero la campana del horno le despertó de su sueño y le recordó que eso solo pasa en los anuncios de la tele. Distraídamente cogió el plato de la pizza sin guante, se quemó y el plato cayó al suelo. Al final las navidades no serían tan malas, las pasaría en urgencias en compañía de alguna enfermera.
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